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Sobre mi

 Islas Ballestas, Perú
Navegando por Islas Ballestas, Perú
Hola, mi nombre es Miguel e inicié este blog a finales de febrero del año 2013, durante una de mis estancias en Perú, como un pasatiempo con el que ocupar las horas del verano de Piura en las que el calor te mantiene recluido dentro de casa.
Mis inicios en la fotografía se remontan a una época que ya muchos no habéis conocido. Eran tiempos de fotografía, no sólo analógica, sino también en blanco y negro. Mi primera cámara de verdad fue una Minister D de Yashica. El paso siguiente fue una Asahi Pentax, réflex, con la que además abordé el color, si bien siempre me he sentido más ligado al blanco y negro que, encerrado en el cuarto de baño con una pequeña luz roja, me permitía revelar, positivar y ampliar mis trabajos sin necesidad de depender de terceros.
Tras años de sequía en los que el trabajo y las obligaciones sociales y familiares van minando cualquier inquietud artística, relegando la fotografía al álbum de los recuerdos, la prejubilación y la nueva tecnología digital —a la que reconozco que me resistí en un primer momento— fueron mi tabla de salvación en este campo. Tras una breve prueba con una pequeña Pentax Optio, no tardé en regresar al mundo de las réflex con una Nikon D90.
¿Qué ventajas me ofreció la fotografía digital? Muy simple, su relativo bajo costo me permite hacer la consabida foto social y, al tiempo, antes o después de ella, aquella otra que verdaderamente tienes metida en tu ojo de cristal y que, como valor añadido, es la que posteriormente gusta más. Nadie te hace las cuentas del dinero que gastas en hacer «fotos inútiles», ni aporrea desesperadamente la puerta del cuarto de baño mientras revelas.
Este mundillo, me imagino que como otros muchos, está lleno de dogmáticos doctores, que no maestros, que se empeñan en dictar normas y más normas a las que todo el mundo debe someterse ineludiblemente para ser considerado como fotógrafo y su obra como arte. En mi modesta opinión, la mayoría de esas normas está bien conocerlas y yo no las rechazo, pero me las salto a la torera cada vez que la ocasión se muestra propicia que es casi siempre. Así pues, me dejo guiar por la intuición a la hora de componer y encuadrar, aun reconociendo que hay que buscar siempre una cierta armonía; me carcajeo cuando oigo predicar a alguien que, para un retrato, la óptica obligatoriamente tiene que ser fija y de 50mm. y me da mucha pena ver a alguno de esos criticos que para valorar una fotografía lo primero que hacen es echar mano de la regla y el cartabón para comprobar si están todas las líneas que ellos han dictaminado que deben de estar.
Otro tanto me ocurre con quienes, desde sus púlpitos, predican que no hay más fotografía artística que la hecha en blanco y negro. Yo, que me siento mucho más cómodo trabajando en blanco y negro, de antemano les digo que no es así. El blanco y negro y el color no son otra cosa que herramientas opcionales para el fotógrafo, que elegirá una u otra en función de que se adecúe mejor o peor a lo que quiere transmitir. Pero de ahí a rechazar el color va un abismo. ¿Acaso nuestro cerebro no ve en color?
He de abordar aquí un aspecto controvertido derivado de las facilidades cada vez mayores que otorga el variado software actual dedicado a la edición de fotografías. En este sentido, al igual que en mi época analógica, me resisto a «trucar» fotografías mediante el añadido de elementos que no estaban presentes y, más aún, me opongo a considerar fotografía el «corta y pega» de elementos de diferentes procedencias para hacer una composición. No digo que en ello no haya arte, simplemente afirmo que no es fotografía, es otra cosa y habrá que buscarle un nombre y un encaje distinto.
Por el contrario, especialmente desde que descubrí las ventajas de trabajar en RAW-NEF aplaudo el uso de programas, todos sabemos cuáles, que te permiten llevar a cabo un procesado equivalente a los revelados, virados, máscaras etc. que hacíamos antes; recuperando así para nosotros las decisiones que, en otros tipos de archivo, toma la cámara. Eso sí, procesados y post procesados, aunque puedan ser novedosos y atrevidos, no me parece que deban resultar «excesivos» aunque, como otras muchas cosas, esto es algo que también me salto de vez en cuando.
Mi estilo, en tanto que aficionado en permanente estado de aprendizaje, es un tanto ecléctico. No obstante, como es lógico, hay lugares en los que me siento más cómodo y así podría decirse que mi fotografía es figurativa o representacional. 
Creo que la fotografía, como las demás artes, debe despertar emociones y ser comprendida y entendida por el público sin necesidad de ir acompañada de una tesis doctoral y, precisamente por eso, si me pierdo, no me busquen en una de esas salas en las que se exponen fotografías de gran formato, cuanto más grandes mejor; desenfocadas o trepidadas, cuanto más desenfocadas o trepidadas mejor; carentes de contraste alguno, cuanto más desvaídas mejor y acompañadas de un título ininteligible con veinte palabras rebuscadas o inventadas como mínimo. 
Esos cuentos de que el artista debe limitarse a realizar una propuesta dirigida a una elite cultural e intelectual capacitada para desarrollarla e interpretarla en su plenitud no son, con perdón, más que tonterías o, como dicen en algunos lugares, «engaña muchachos». ¿Debe existir interacción entre el artista, su obra y el público? pues claro que sí; pero cuando la obra de arte sólo existe en tanto en cuanto haya una mente privilegiada ajena a la de quien la «propone» que sea capaz de completar e interpretar lo que el autor quiso decir y no dijo, ¿entonces, dónde queda el artista, de qué lado está?
Igualmente opino que no son estas salas, ni siquiera los museos, quienes deben detentar la exclusiva de determinar qué es arte o quién es artista; un retrete en  el lugar de honor del museo más importante del mundo, lo firme quien lo firme, no le demos vueltas, sigue siendo tan retrete como el que usted tiene en el baño de su casa y, además, sirve para lo mismo. Por eso, cuando publico mis fotos, no aspiro a que ningún repartidor oficial de diplomas las califique como obras de arte ni a verlas colgadas en una sala de exposiciones; sólo pretendo que sean entendidas por quien las ve sin necesidad de hacer una maestría o un doctorado y, si además le gustan, pues mejor que mejor.
Así pues, los trabajos que les presenta este aficionado son como esos dibujos que muestra un niño de primaria para ver si merecen la aprobación del adulto. Sea usted paciente con él, en especial a la hora de corregir y orientar para que mejore sus trazos.
Saludos a toda la comunidad bloguera.


Otrosí digo que los jubilados tenemos mucho tiempo libre y nos encanta ocuparlo en hacer perder el suyo a los demás, razón por la cual, aprovechando las ventajas de eso que llaman multimedia y sin que éste deje de ser un blog de fotografía, en muchas ocasiones sus entradas incorporan textos, las más de las veces extraídos de la obra de un escritor desconocido y de dudosa salud mental, así como música. Fotografía, texto y música no siempre van de la mano, o sí, vaya usted a saber.




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